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Testimonios de viajeros

Mi viaje a Estocolmo

Yo sabía que el viaje a Estocolmo iba a estar genial. Me lo esperaba, sin embargo, mucho más caro. Aunque comparado con Sevilla o Cádiz lo es,  no lo es si lo comparamos con Madrid o Barcelona.

Me llamaron muchas cosas la atención de Estocolmo. Lo primero, como se imagina la gente, es la limpieza de las calles, y la limpieza de los sitios. Todo está impecable, no hay un solo papel en el suelo, no hay un solo grafiti en las paredes… los carteles están perfectamente ordenados y en perfectas condiciones… Es increíble. Otra cosa que me llamó la atención, fue la limpieza de la gente. La gente va en Estocolmo super bien vestida, ¡En los 4 días que estuve allí no vi ni un solo chándal! Entiendo que eso a mucha gente no le llama la atención. Pero yo, viniendo de Manchester, Inglaterra, donde es el traje regional, pues sí que me la llamó.

Otra cosita, es que no sé cómo serán allí de racistas, pero no había ni un inmigrante. Sólo el típico chino de la tienda de chinos (Había una), el típico pakistaní de la tienda pakistaní (Había otra) y cuatro peruanos tocando instrumentos peruanos en la calle. Listo. Entre la gente que anda por la calle, ni uno de fuera. Ni españoles, ni italianos, ni franceses. Allí sólo había suecos. Tampoco había gente pidiendo por la calle, ni sentada en el suelo, ni borrachos. Es increíble, pero es una ciudad limpia en todos los sentidos. No sé qué política llevarán allí y si en realidad serán unos racistas, clasistas y HP en general, pero es cierto que por la ciudad se anda sin ningún tipo de problema, incomodidad o miedo.  Quizás esto me viene de vivir donde vivo, donde te cruzas con 4 borrachos todos los días y otros 4 te piden dinero todos los días.

Nos quedamos en un hostal en Gamla Stan, la ciudad vieja, una de las 14 Islitas que conforman Estocolmo. Esta islita es preciosa, toda las calles son de piedra, cuesta parriba, cuesta pabajo, restaurantes, bares y demasiadas tiendas de souvenirs.  Edificios emblemáticos, iglesias antiguas y castaños. Muchos castaños. ¡¡Cuidado!! ¡¡Castaña va!!  ¡A veces era más seguro ir con casco!

Para el Hostal no tengo más que buenas palabras, y lo recomiendo abiertamente a todo el mundo. Su nombre lo dice todo “Best Hostel Old Town”.  El cuarto, con dos camas pequeñas, pero increíblemente cómodas, tenía dos sillones, enchufes, lamparitas, perchas, espejo…. ¿Qué clase de hostal barato en cualquier otra parte del mundo tiene eso? Pero eso no es todo.  ¡Las duchas estaban siempre limpias! ¡Y siempre había jabón en el lavabo! Cosas como esas no pasan en otro país del mundo.

Con respecto a la cocina, era increíble. Tenían desayuno gratis, con pan, mantequilla, mermelada, leche, café y té. Pero eso no es todo, podías tener a tu disposición pasta gratis a cualquier hora del día, y café gratis, y azúcar, y sal. Y platos, y vasos, y más cubiertos que en mi casa. Y cafetera. Y tetera, y tostadora, y microondas. Dos neveras en cada cocina, dos congeladores con hielo ¡Con hielo! Sé que flipé demasiado con el hostal, pero será la falta de costumbre de encontrar un hostal medianamente barato y tan cuidado. Le gente que trabajaba allí era increíblemente amable  también.

Pero bueno, volviendo a la ciudad, Estocolmo me encantó. Nos pegamos 4 días andando sin parar prácticamente, pero es una ciudad para eso, para pasearte, los pasos de unas islas a otras los puedes hacer andando por los puentes o en barcos que te cuestan un par de euros. Como Estocolmo está dividido en Islas, haré un resumen de lo más importante de cada una de las que visité:

Gamla Stan, en el medio, es la más pequeña. Estocolmo empezó siendo eso y ahí se encuentra el palacio real (Por cierto, por todas partes hay fotos de la princesa Magdalena de Suecia y su marido!) y toda la parte antigua de la ciudad, incluyendo las tres casas de colores que son símbolo de la misma.

Sodermalm, o Söder, como le llaman allí, es la zona perfecta para salir. Lleno de gente joven, de bares, restaurantes y discotecas. A la entrada a esta isla desde Gamla Stan, hay un “ascensor” llamado Katarinahissen, que te sube arriba de la Isla (Si quieres subir andando es una buena cuesta) y que te muestra unas vistas impresionantes de toda la ciudad si el día está claro.

Skeppsholmen es otra islita, también llena de museos y de zonas verdes, Moderna Museet, la iglesia Skeppsholmskyrkan y el parque Skeppsholmsgården.  Hoy en día alberga unos 70 habitantes.

Pero la isla que más me gustó sin duda fue Djurgården. Esto es un jardín gigante, lleno de museos y donde se encuentran las embajadas. También hay un pequeño parque de atracciones que estaba cerrado cuando nosotros fuimos en Octubre. En esta Isla se encuentra el Skansen, el museo al aire libre más grande del mundo, con animalitos (Desde bisontes  hasta lobos, pasando por alces y osos pardos) y casas antiguas creando un poblado como solía ser en tiempos pasados. La escuela, la casa donde se tejía, la casa donde se hacía pan (riquísimo), graneros, establos… Es para pasar un día entero en el museo y cierra a las 4 de la tarde, así que tiene uno que darse prisa.

Y luego, la grande, Estocolmo. Con edificios gigantescos, centros comerciales, avenidas anchas… un lujazo para pasear si hace buen tiempo, que a nosotros nos lo hizo. Es realmente una ciudad en la que el transporte público no te hace falta si te gusta andar, y a no ser que te quieras mover por los alrededores, el alquiler de coches es totalmente innecesario.

Si tengo que recomendar algo de allí, será el café. Se nota que les gusta y lo hacen muy bien. También estuvimos buscando para comer unas auténticas Köttbullar, osea, albóndigas, pero al final las tuvimos que comprar precocinadas (Incluso así estaban buenísimas). Algo típico de allí también es un filete de ternera que te sirven cubierto con puré de patatas gratinado y una salsa deliciosa. Por supuesto no puedo cerrar el artículo recomendando el Salmón, barato, fresco y buenísimo. Incluso vimos a un pescador pescando un salmón de 2 kilos en el río! El dulce más típico está hecho con canela, (Kannelbullar) y también está increíblemente bueno.

Y con esto termino: mi experiencia en Estocolmo fue estupenda, me lo pasé genial, comí genial, dormí genial y al final no nos gastamos tanto dinero como pensábamos. Es sin duda, una ciudad para vivir, aunque estoy segura que en invierno se puede llegar a pasar mal del frío.

 

Cecilia de la Viesca - 16/12/2010

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